VIVO EN MI CABEZA

PERO CON VISTA AL UNIVERSO -2015- PABLO KRANTZ

CONSERVANDO LA ELEGANCIA

Pablo Krantz se retroalimenta, es su propio generador de energía. Es así que cada tanto encandila con un disco luminoso y atractivo. Esta vez, con Vivo en mi cabeza pero con vista al universo, reaparece luego del excelente Démonos cita en una autopista para volvernos a estrellar (2011) coronando de brillo estos tres años de presentaciones, giras en el país y en el exterior. La experiencia y el talento le permiten darse el lujo de ser el productor de sus discos, lo que garantiza la concreción del material en un objetivo que sin dudas fue el pergeniado. Hemos dicho en alguna otra crónica que lo que escuchamos de P. Krantz en sus canciones, es lo que él quiso que escucháramos. Si bien la calidad en su desarrollo discográfico es una constante, esta vez debemos decir que es casi indiscutible.

Ya desde el excelente arte de tapa con ilustraciones de Matías Slovo (Uy) y diseño de Juan Cruz Nanclares, Vivo en mi cabeza... invita a transitar un pasaje mágico y sofisticado donde el amor y otros demonios (pero fundamentalmente el amor) se debaten en arduas disputas, casi siempre nocturnas o trasnochadas. El marco perfecto a la puesta en escena que presenta Krantz la brindan sus amigos músicos, que en esta oportunidad se juntan, rotan, vienen y van hasta conformar algo que sin pudor podríamos llamar una superbanda, cada uno solicitado según la ocasión y la intención de Krantz. Lo serio y lo único importante del caso es que no fallan. Con esto de “sus amigos músicos” quiero decir justamente eso. Si quisieras hablar de fútbol, sabrías con qué amigos contar, pero si quisieras hablar de amor o desamor, tal vez no recurras a los mismos. Aquí la obra es tan intensa, que el resultado final decanta en una formidable pseudo opereta francoespañola, condimentada por un conjunto de letras (que sería lo mejor del disco si el disco no fuera tan bueno) donde Krantz se atreve a lamentarse de lo mismo que se reirá al momento inmediato, en la próxima canción. Porque al integrar cada una de manera especial aquel “Universo”, el del nombre del disco, encontraremos luces, sombras, zozobra, renacimientos y milagros, todo narrado de forma ingeniosa y precisa.

La nostalgia de apertura con El árbol de los sueños, lo idílico de Dos niños (“…su ver – dadera edad”, genial!), lo funcional en la versión de Corazón Valiente de Gilda (parte de la banda de sonido de la película El Crítico) y el gancho radial de La penúltima Rolling Stone. El disco se detiene en este momento, en un quiebre amoroso, un Krantz de pura cepa, con la extraordinaria Des chats, des lapins et des canards y cuando parece que escuchaste la mejor canción del disco, aparece la implacable y visceral Je t´efface para convencerte de que estás ante uno de los mejores lanzamientos del año. Si fuera un vinilo de dos caras, claramente sería un gran final de LADO A.

La veloz El bar de la última oportunidad es representativa de todos y resume alegremente en modo western una etapa siempre difícil, aunque recordada con cariño desde esa especie de absolución que suele dar el transcurrir del tiempo: la frustración en plena búsqueda (estropeada por las distracciones del alcohol y por nosotros mismos) de algo parecido al amor, sino el amor. Estoy de regreso aborda un tópico similar, aunque definitivamente más serio y más musical, bien emparentada desde lo sonoro a la picaresca Les petites amies de mes ennemis sont mes amies. En la “velvetiana” Una fiesta espacial en el Ritz del amor, se manifiesta ese romance entre Krantz y la mejor canción francesa, en la piel y la confusión del espíritu de alguien que se obliga, acaso frente al espejo o del otro lado de un cigarrillo encendido, a reponerse pronto de un gris abandono. Con la retrosensual Scarlett Johans-song, Krantz aplica una devocional poesía de homenaje al sex apple de la rubicunda actriz, sacando de la galera sus mejores trucos de trovador. El disco cierra con una gran versión del melancólico clásico de Serge Gainsbourg La chanson de Prévert, con el maestro Juan Marioni pincelando colores desde las guitarras eléctricas y una banda que suma mucho talento, ritmo y rock a la minimal pieza.

Vivo en mi cabeza pero con vista al universo pasa veloz, sin ser un disco corto, como los buenos partidos o las buenas bebidas. Y como en una película de Europa Europa, la chica protagonista, perdiendo la mirada en un plano corto, diría “Pablo Krantz lo hizo de nuevo…”, en francés, por supuesto. Y tendría razón.

 

Dani Cisterna

 

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