DANZA CINICA

MAURO VALENTI

Dicho en pocas palabras. Con la depresión argentina de fines de los noventa y el atormentado inicio de siglo XXI, una parte importante de la gama pop del rock under se reformuló en “indie”. La canción pelada pesó más que los arreglos; la elaboración de letras entró en coma ante el abuso de la licencia poética y la recreación en banda de climas tipo “get high”. Sin entrar en la vana (aunque entretenida) discusión sobre si son mejores canciones las desnudas o las multiproducidas, no podemos enojarnos con lo que ciertamente pasó. En dicho estadio (valorable y que no escapa a ser parte de una faceta más en la calesita de las tendencias musicales) los artistas se volcaron a emitir un mensaje atado generalmente a un “lo que siento”. “Sentir” y volver eso una canción. Todo fue melancolía, por años. Construcciones minimalistas, letras simples, la posibilidad cercana de grabar, buenas y malas obras, lo inmediato. La contrapartida que sufrió este pasaje temporal fue que el pantone de la melancolía argentina no ofrece una paleta tan diversa como para perdurar. Los artistas crecen y la diferencia real suelen trazarla aquellos que llegan a dar el volantazo, a moverse en un sentido expeditivo, hallar el momento y la forma para pronunciar no solo qué sienten, sino también qué ven a su alrededor: “lo que siento” en un artista, a la larga se quedará corto sin un toque de “lo que pasa”, esto es el ABC del arte. Así, aquel incremento vertiginoso de jóvenes músicos de comienzos del nuevo milenio trajo consigo y con los años una populosa avalancha de letristas perdidos en versos siempre válidos, pero débiles. Consideramos entonces este Danza Cínica (Mínima Discos 2017) de Mauro Valenti, como un disco vital capaz de mostrar un mensaje extrovertido al fin y construido desde adentro hacia afuera; con los ojos del artista que se atreve a retratar estos convulsionados tiempos, la ciudad, los medios, el amor, la educación, la frivolidad y el hartazgo actual, la exclusión, las redes sociales. La importancia de la palabra, contando.

Mauro Valenti realmente tiene algo para decir y lo dice bien. Desde lo musical, Danza Cínica borra de un plumazo quince años o más de indie para hablar la lengua que remite mejor a aquellos dorados años ochenta, el electro pop, en carácter de neto solista y de protesta. Será con el tiempo una bisagra desde “La Paz” (su trabajo de 2014) donde el resultado global fue de conjunto, de banda, de gente tocando y (si se me permite la expresión) de una atmósfera lumínica y fogonera. Danza Cínica es noche cerrada, aunque sin melancolías, sin tristezas, acaso de íntima desilusión. Con las guitarras al fondo y una línea de percusión frontal, genera inquietante peligro en el ambiente (el fuerte Monoblock), tomando distancia de la psicodelia de “La Paz”. La propuesta como espectador y jugador simultáneos está dada desde el primer track con Vibra Extraña, agotado ante la ambigüedad de la doble moral de este microuniverso fugaz y urbano en el que nos movemos, hasta el excelente y último La Ciénaga, el nombre que le da a la competencia desleal en lo cotidiano, de pose caníbal, en la jungla que para bien o para mal nos toca. Incluso en la aparente cuota festiva que ofrece Estrella Clandestina, deberás prestar atención a la letra otra vez para encontrar la beta oscura que sobrevuela todo el disco, hasta preguntarte ¿es posible narrar una realidad oscura sin serlo? ¿Es posible salir de aquello que nos molesta sin confrontarlo? Danza Cínica es un disco provocador.

Recurriendo al correcto uso de los sintetizadores y teclados (como en el instrumental Lo Que Queda), la obra fluye en canciones de registro hermético, pegadizos estribos, con el pulso de la energía moderna y obligadamente pesimista como noticias pidiendo a gritos un reembolso de apertura de ideas, llevándote a incómodos interrogantes. Acaso en ese reniego a la zona de confort establecida por la sociedad, Valenti  proponga la luz al final del túnel.

Lo compartimos con ustedes, siempre encantados cada vez que las letras y el mensaje de un disco vuelven a tomar protagonismo, seguros de estar frente a uno de los desfibriladores del rock de 2017.

 

Dani Cisterna

PH: Cris Galindo

 

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