FANNY ROSE - BOÎTE NOIRE (2019)

ENTREVISTA

La última parte del año suele venir con gratas sorpresas; es el momento donde al fin ven luz los proyectos encarados con buena energía a la vuelta del verano. Fanny Rose, nuestra francesa favorita, publica con la llegada de Octubre de este 2019 un disco asombroso, que es "Boîte Noire".

En su "La Boussole" (2016), se presentaba en sociedad como una solista bien rodeada, romántica y amigable. Algo pasó en el lapso entre aquella obra y ésta. Fanny Rose se ha nutrido de mil fuentes de inspiración, recolectado colores, sombras y matices que fue perfeccionando para volcar ahora en un material donde pareciera no entrar más nada.

Los músicos que la rodean, una especie de dream team, de Bad Seeds del fin del mundo, una casta corajuda capaz de transitar de forma impecable la vía lactea del son cubano y el bolero, del jazz americano de mediados de siglo pasado, del candombe y hasta aplicar (tal vez en un capricho involuntario del pulso sanguíneo) reminiscencias de arrabales bien porteños, incluso adaptando un ultra intocable argento como JiJiJi, sin descuidar en ningún momento la esencia de la canción francesa, que es el motor visceral de Fanny Rose.

La compositora toma las riendas, se hace protagonista legítima de su proyecto para devolver un conjunto de canciones de tal calidad que parece un disco de clásicos, más que de composiciones propias, como si esas piezas existieran desde siempre, atreviéndose al español y al inglés, en un recorrido suelto y sin escalas, narrando con la misma voz parajes de una pradera virgen, o la sordidez de un club nocturno.

Tanto nos sorprendió este álbum que le propusimos una breve entrevista, buscando el detalle de su brillante "Boîte Noire". Disfrútenla.

HR: Es indiscutible tu crecimiento como artista en estos tres años que separan el lanzamiento de "La Boussole", tu disco debut de "Boîte Noire". ¿Podrías señalar dos o tres puntos o eventos que te hayan marcado significativamente durante ese lapso y de los que  hayas aprendido más, individual o grupalmente?

FR: Estos tres años fueron de un recorrido personal y musical muy intenso. Creo que el elemento principal de crecimiento fue la confianza que gané en mí misma, en mi proceso creativo. Al grabar y presentar "La Boussole" en el 2016, tenía un leve síndrome del impostor, me sentía chica, novata, primeriza. Había escrito estas canciones, y este mundo de "La Boussole" había salido de mi imaginación, pero era tan nuevo para mí presentarme como artista solista, cantautora, que no encontraba bien mi ritmo, no sabía aún ocupar del todo este lugar, en el estudio y en el escenario. Y lo sentía, sentía todo lo que me faltaba para ocupar este escenario por completo, vibrar como tenía que vibrar junto con el público, para que escucharme, en un disco o en el escenario, sea realmente la experiencia que yo quería que fuera.

En estos tres años trabajé para alcanzar esta capacidad. Me aferré sobre todo al saber que yo soy la que compongo y creo mis canciones, y que tenía que alzar la voz de la mejor manera para cantarlas al mundo, para contar las historias que yo quería contar mediante mi música.

Ganar confianza me dio cada vez más autonomía artística. Me dio agallas para entrar al estudio de grabación y expresar lo que yo quería para mis canciones y mi disco. Pasar de una canción con instrumentación country-folk, a lo Simon & Garfunkel, a un vals inquietante que termine con una coda demoníaca con coros monacales, referenciando a Mussorgsky  en “Una noche en el Monte Pelado”. Para este disco tuve la infinita suerte de trabajar con Acho Estol, el productor y arreglador de "Boîte Noire", quien supo entender mis canciones, mis ideas y mi visión para este disco, y plasmarlas genialmente en las grabaciones.

 

HR: Los músicos que te acompañan en "Boîte Noire" son excepcionales, al igual que el resultado global, como banda acompañante de solista. ¿Cómo se conformó este equipo genial y cómo llevaron adelante la producción y la post producción del disco?

FR: Soy muy afortunada de estar rodeada por músicos tan talentosos, tanto en el disco como en el escenario. En "Boîte Noire", muchos de los instrumentos son tocados por el mismo Acho Estol (las guitarras, pero también la flauta y la mandolina entre otros), y en algunas canciones se sumaron músicos tremendos como Patricio Cotella en contrabajo, Paloma Schachmann en clarinete y clarón, Rafael Varela en canto, Martin Pizzi Cullen en coros, Agustin Barbieri en percusión, Agathe Cipres en trompeta… Cada uno hizo maravillas para el disco, tanto que después de sus grabaciones en muchos momentos del disco aparecen sus instrumentos en el primer plano; habían brillado tanto en su interpretación, se habían apropiado tanto de las canciones, que sentía que sus instrumentos tenían que ser protagonistas principales, al igual que la voz mía. Le mezcla fue realizada por Acho Estol y la masterización por Rafael Varela; ambos procesos de post producción fueron realizados buscando resaltar la cualidad acústica, maderosa, real que yo quería que tenga el disco desde antes de grabarlo, y que Acho logró tan bien en el proceso de grabación. No queríamos que fuera un disco que suene limpio, brilloso, técnico, quisimos mugre en el buen sentido, realidad musical, con olor a tierra, a madera y al metal de las cuerdas.

 

HR: La cronología de las canciones que componen el disco parece detalladamente planificada. ¿Cómo fue el proceso de composición, adaptación o selección, tema a tema?

FR: Las seis canciones que componen el disco fueron compuestas en distintos momentos de estos últimos tres años. Un disco es un mundillo que uno crea y comparte con el otro, una historia que uno quiere contar. Desde que presenté mi primer disco, “La Boussole”, cada vez que pensé en empezar a grabar un nuevo disco, sentía que todavía no era tiempo, que no había creado aún un conjunto de canciones que hicieran sentido juntas. Y un día, miré estas canciones, de distintos idiomas y distintos momentos y distintos ritmos, y me di cuenta que había una coherencia, algo madurado. No sabía aún bien cuál era la historia que contaban, o a qué se iba a parecer este mundillo –eso lo fui descubriendo en el camino– pero sabía que estas canciones lo conformarían.

Nos reunimos con Acho, el productor del disco, le mostré las canciones. Yo dudaba acerca de los idiomas múltiples de las canciones y las atmósferas distintas de cada una, temía no encontrar el hilo conductor, lo que conectaba las canciones entre sí… Me acuerdo que Acho me dijo “Lo que tienen en común sos vos, eso es lo importante”. Y así, empezamos a trabajar en el estudio, a grabar las canciones, y fue apareciendo de a poquito la historia que iba a contar el disco.

La cronología de las canciones en el disco, la establecí según una estructura narrativa clásica, la que existe desde los viejos cuentos de hadas: situación inicial, nudo/conflicto, y desenlace. Funcionaba. Las canciones ya eran un conjunto, capítulos de esta historia, más allá de sus idiomas y atmósferas distintas. Cuando apareció esta estructura, solo nos quedó trabajar los enlaces entre canciones, de manera que la historia avance de manera fluida, que escuchar el disco de principio a fin sea como escuchar un cuento.

HR: Habiendo recorrido diversos rincones argentinos a través de tus conciertos y distintas participaciones, festivales en los que interviniste, etc. ¿cómo es tu vínculo actual con la música argentina?

FR: La música argentina fue una de las cosas que me hizo sentir parte de este país, antes siquiera de convertirme “oficialmente” en residente permanente. Después de mi primer año de vida en Buenos Aires, volví a Francia por seis meses para terminar mi carrera universitaria, y luego volví a instalarme en Argentina. Durante estos seis meses en Francia, escuchaba folklore argentino y me venía por oleada una nostalgia increíble, la que uno siente por su tierra cuando está lejos. Esta nostalgia la siento también por Francia obviamente, es la dicotomía que vivimos los migrantes, pero nunca me olvidé que fue a través de la música argentina que yo me di cuenta que sentía que Argentina también era mi país. Por supuesto irme de gira con la banda por el interior de Argentina incrementó este sentimiento, porque en cada lugar que íbamos nos encontrábamos con músicos, y muchas veces nos sentamos entre prueba de sonido y concierto, o después del concierto, con el sonidista, la dueña del lugar, o algún músico/música local, para hablar de música, tocar temas de cada uno, tocar canciones en común... Siento cada vez más este vínculo con este país y su música.

Más allá de eso me siento todavía estudiante de la música argentina, es tan amplia y rica, el rock nacional, el folklore, el tango mismo, tengo mucho por escuchar y por aprender. Pero cada paso que doy en este descubrimiento me hace sentir maravillada por la riqueza musical y poética de este país.

 

HR: La obra está cargada de distintas pinceladas sentimentales, pero exhibe en el marco general un carácter sobrio, duro, pasional y -hasta podría decirse- mucho más intenso que la dulce trovadora a la que estábamos acostumbrados. Hay una suerte de pérdida de inocencia, como si la candidez de aquellos tiempos fuera algo que (y siempre como artista, claro) hubiera quedado atrás. ¿Qué podrías decirnos sobre el estado del ánimo del disco y cómo estás encarando o proyectando el material futuro?

FR: La respuesta a esta pregunta –que me alegra, porque demuestra que se trasparenta la vida y la realidad detrás de la música– está escondida en el nombre del disco, "Boîte Noire".

Hace tres años, poco después de la salida de mi primer disco, ocurrió una suerte de naufragio en mi vida. Un estallido, un crash... Miré alrededor mío y todo era escombros, pero no veía el iceberg, la causa del mismo… No me quedaba otra que buscar esta causa adentro de mí misma: algo adentro mío había causado este crash. “Boîte Noire” significa “la caja negra”, lo que uno sale a buscar después del desastre, para entender qué pasó, porqué pasó, y que no se repita nunca -y si estás leyendo una metáfora psicolanalítica ¡estás muy en lo cierto!-. En estos tres años fui haciendo el recorrido de entender y lidiar con algo de mi pasado que logré desenterrar después de este “crash”, un trauma profundo que me había hecho naufragar, por no estar ni enfrentado ni sanado. Fue una pérdida de inocencia, ciertamente, pero de una inocencia falsa, una inocencia ciega, que era una defensa frente a una herida infectada que yo tenía adentro.

Por eso el universo gráfico del disco es oscuro, hecho de marrones, negros, sombras con pequeños haces de luz. Pero lo que fui y lo que salió de mí a partir de este descubrimiento -entre otras cosas, este disco- era real. Por eso también elegí como símbolo del disco esta mariposa nocturna, que va y viene en todo el universo gráfico de "Boîte Noire". Me identifiqué con estas polillas, estos bichos alados bellos, con cuerpito aterciopelado, que tienen algo de mala fama y asustan a los niños cuando son esencialmente lo mismo que sus congéneres diurnos, salvo que con colores más oscuros y viviendo en otro horario. Las mariposas de noche también son un símbolo de metamorfosis, pero casi nunca los eligen para tatuajes, para “prints” en la ropa, para decoración. Así como la mariposa diurna se transformó en un símbolo de feminidad en su sentido tradicional, supongo que por su liviandad, su aspecto frágil y bonito, me quise apropiar este símbolo de la mariposa nocturna, la que después de su metamorfosis se mueve en un mundo con más sombras, que tiene colores más apagados, y quizás te hace sobresaltar cuando sale de un placard o pasa al lado tuyo de noche, pero también fue oruga y se transformó. Igual es bella si la mirás entre las sombras. Igual sabe volar.

 

Entrevista por Dani Cisterna

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