"D.O." (2017) - DIEZ OJOS

EL ABC DEL INDIE

Diez Ojos toca el ABC del indie. Aquella formación que editara de forma independiente a mediados de 2017 el EP casi homónimo "D.O.", Maxi Dagostino (guit., voz, teclados), Hernán "Larry" García (batería y producción) y Diego Lagart (bajo, coros, guit.) -puesto bien cubierto hoy por Nicolás Quinto-, dejó un verdadero testimonio sonoro-eléctrico de cinco piezas que vale ser revisitado y traído a estas fechas. Ejecutado en el balance perfecto de técnica e ingenio, "D.O." resulta un disco bien representativo del ADN del rock porteño y nos aleja del rock and roll harto habitual y chueco. Un material que seguramente encontrará mejor recepción en la oreja adulta que en las nuevas generaciones, más volcadas al calor efímero y azaroso del abrazo random de una playlist. Hay que escuchar este "D.O.", créanme. Subrayo la diferencia etaria sobre gustos porque, si bien Diez Ojos arremeten con fuerza y suenan pegadizos, hiteros, radiales hasta lo bailable, creo que su verdadera sustancia (digo mejor "superpoder") brota de la materia prima influencial de una receta que apenas salida del horno aparenta saber a pop y no lo es. Se nota cuando una banda toma lo mejor de lo que escucha y lo rearma generando un nuevo sonido. Es un hecho que detrás de un disco pop puede no haber nada, o la olla con el oro y el duende. Fíjense entonces todo lo que hay en este camino de veinte minutos de "D.O." y cómo el rótulo popero se desvanece si lo analizamos globalmente. En cada canción de estas cinco podemos encontrar variaciones bien definidas, increíbles trabajos en guitarras y bases que suelen cautivar a los +30 de primera oída. Esos +30 activos en circuitos, con muchas bandas caladas, parvas de discos independientes en sus bateas y el oído curtido esperan de un EP de rock independiente, un amigo que los trate con respeto. Se da entonces en "D.O." que el idioma que hablan los Diez Ojos es el de una banda que compone con la inteligencia de aprovechar cada recurso hasta lograr un resultado brillante de bardo maduro.

¿En cuántos discos cortos pueden revolcarse reminiscencias tags de mod, psicoldelia, punk, post-punk, pop (volvió el pop), algo de funk, jugueteos oscuros de deelays y flangers, indie rock, electro rock y rock a secas? De leerlo, marea, pero es real. Como pasó en aquel primer disco de Las Pelotas, primera parada post Sumo en el que tantos estilos pudieron llevar a buen puerto.

Entre las ventajas de ser un power trío, animado al abordaje de este multigénero, está la chance de permitirse esos divinos espacios entre músicos, liberarse del empaste y entender quién debe sonar y cuándo. Alternar sin pisarse ni aturdir al que escucha. A veces en "saber alternar" está la clave. Eso permite elaborar bases de bajo-batería vuela tejas (como en "El sonido poderoso"); librar vueltas al aparente azar dejando que la canción cobre el protagonismo en "Sin pánico", o elaborar una pared psicodélica en "Cardíaco". Hay que escuchar "D.O." porque es un manual sobre cómo reunir variadas expresiones; porque suena como una experiencia casual, sombría, divertida y compleja a la vez. Podría ser "Baba del diablo" la arista mejor lograda de este pentágono, generando misterios desde una riqueza hipnótico-musical que curiosamente tiene como flecha de fuego la simpleza letal del indie rock bien hecho de comienzo a fin.

 

por Dani Cisterna

Créditos PH en inicio: @danielacilli

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